La historia de mi EM, parte 5: no reconozco un brote cuando lo veo

En la entrada anterior de mi historia con la esclerosis múltiple, os comentaba lo importante que es escuchar las señales que nos envía el cuerpo. Pues este es otro caso en el que yo no supe interpretar estos mensajes.

Hace poco más de un año, acudí a la consulta de neurología para la revisión de los 6 meses. En esta ocasión me recibió un nuevo doctor. Le conté que sentía hormigueos en el pie derecho, y que había notado una sensación rara: cada vez que doblaba el cuello hacia abajo sentía una "descarga" de corriente por la espalda. Me explicó que se llama signo de Lhermitte, y es un síntoma muy común en la esclerosis múltiple. Solicitó una nueva resonancia magnética (craneal y medular con contraste), porque ya habían pasado más de 18 meses desde la última, y creyó conveniente realizar una nueva resonancia de control. Recuerdo que cuando finalizó la prueba se me habían dormido por completo los brazos y las piernas, cosa que no me había ocurrido antes.

Para la siguiente revisión en la consulta, donde ya me recibió mi doctora habitual, continuaban los hormigueos en el pie derecho y también en el costado izquierdo. Sentía esas zonas como entumecidas, y me costaba un poco mover la pierna, teniendo algunas dificultades para ponerme en pie desde la posición de sentado. Cada vez que doblaba el cuello hacia abajo, lo hacía muy despacio y con cuidado, para evitar molestias. Todo esto ocurrió durante siete meses, más o menos.

La resonancia magnética mostró que esos entumecimientos se debían a nuevas lesiones que habían aparecido en la médula espinal a nivel cervical y dorsal. Cuando nuevos síntomas se relacionan directamente con nuevas lesiones activas, estamos ante un brote. Lo peculiar de este brote sensitivo en concreto es la duración. Los síntomas se prolongaron en el tiempo y las molestias que ocasionaban eran leves, de forma que en ningún momento sentí la necesidad o la urgencia de acudir al médico, como en anteriores ocasiones. No supe reconocerlo. La doctora me informó de que podía recibir tratamiento con corticoides si yo lo quisiera, pero que si podía evitarlos y seguir con mi vida como hasta entonces, mejor.

De todas formas, en mí se aprecia cierta inestabilidad al caminar, y los hormigueos no se han ido del todo. Concluyó que estoy en condiciones de solicitar una valoración de la discapacidad...

Yo pensaba que llevaba dos años sin brotes, y resulta que era mentira.

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