Cómo paso la Navidad con EM

Nos pueden gustar más o menos, pero las fiestas navideñas siempre alteran nuestra rutina y desde que tengo esclerosis múltiple no las vivo de la misma forma. 

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Las vacaciones de Navidad me dan la oportunidad de ver a familiares y amigos a los que no veo a menudo y pasar tiempo con ellos, aunque tantos eventos sociales concentrados en tan poco tiempo pueden resultar agotadores. Por eso lo mejor es hablar directamente con nuestros seres queridos y decir cómo nos encontramos: si necesitamos tumbarnos un rato, si queremos ir a un sitio tranquilo con poco ruido para conversar tranquilamente, o si preferimos quedarnos en casa. 

No pruebo el alcohol (más bien por cuestión de gustos) e intento evitar las comidas excesivas y a deshora. También procuro no trasnochar, para mantener los horarios habituales en la medida de lo posible: dar mis paseos, poner el tratamiento...

Y como siempre toca hacer alguna compra (para ayudar a los Reyes Magos), voy a las tiendas los días entre semana y a las horas de apertura, cuando hay menos gente y sin dejar todo para el último momento. Para no cansarme, lo que puedo, lo compro por Internet, que lo traen a casa y así evito los desplazamientos, las colas y las multitudes.

En días como éstos, y aunque suene a tópico, nos sentimos más sensibles emocionalmente. Echamos de menos a personas, recordamos momentos significativos, e incluso versiones anteriores de nosotros mismos, cuando nos encontrábamos mejor y podíamos hacer más cosas que ahora. No lo podemos evitar pero no es exclusivo de esta época, porque estos pensamientos seguro que nos pasan por la cabeza en muchas ocasiones durante el resto del año.

Lo que importa es estar con los que queremos, evitar los excesos, mantener las rutinas y descansar. 

¡Felices fiestas!

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